miércoles, 12 de febrero de 2014

10diassinti

Te acostumbraste a ser fría, a soñar sola, a pensar solo en ti misma y a no depender de nada, y mucho menos de nadie.
Pero -de repente- aparece ese alguien. Alguien que te rompe los esquemas y manda tus putos principios y tus planes a la mierda.
Te asustas e intentas auto-convencerte de que no es alguien especial.
Pero vuelves a sentir esa estúpida sensación, esa que parece que el corazón se te vaya a salir del pecho cuando oyes un 'tlin' y mirar el móvil y ver su nombre en la parte superior de la pantalla.
Por no hablar de la cara de gilipollas que pones cuando lees lo que te ha dicho.
Y es que -a veces- me pregunto por qué las personas nos esforzamos en fingir que una persona nos es indiferente.
Admito que soy una orgullosa -más de lo que debería- que no me gustan las pelis de amor y que lloro cuando nadie me ve. Que adoro los detalles, los más insignificantes. Que me gusta la ropa cara.
Soy muy inestable y suelto comentarios en los momentos menos oportunos, pero no podrás evitar reirte.
Odio que me hagan callar, o que me contradigan. O que me quiten algo que es mío y que me ha costado conseguir.
Puedo ser la personas más cariñosa y más dulce que exista, también la más tímida.. la persona más tonta por celos -incluso- la más borde si quiero.
Que creo que en las relación amor-odio y que odio quedarme a medias.
Que amor odiar y odio amar.
Que me paso el día de mal humor y pocas cosas -y muchas menos personas- consiguen alegrarme.
Puedo sacarte de quicio -de hecho- te aseguró que lo haré (sin querer), vacilarte a más no poder o hacer que te subas por las paredes de tanto echarme de menos.
Pero también te aseguro que quererme, oh, quererme no me vas a conseguir querer.


Yo que sé.

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